Thulo Syabru capítulo 1

Thulo Syabru capítulo 1


Voy a contaros una pequeña historia. Raúl viajó hasta esta pequeña aldea para hacer el trekking de Langtang. Hay mucho que contar, pero por el momento nos limitaremos a su llegada a este recóndito destino. Además, hemos querido narrarlo en dos partes, para crear un poco más de expectación. Así que aquí tenéis la primera de dos entregas: Thulo Syabru capítulo 1.

¿Nos acompañas?

Llegando a un lugar especial


Desde que atravesé el puente tibetano, que me ayudó a superar el río Chopche, supe que Thulo Syabru iba a ser especial. Las casas construidas colina arriba me indicaron que la vida aquí no debía ser fácil.

Thulo Syabru es una aldea cerca del Parque Nacional de Langtang, en Nepal. A 7 horas en autobús desde Katmandú más 5 horas de caminata por un terreno abrupto, que se vuelve polvoriento en época seca y fangoso en los monzones.

A medida que voy subiendo por la senda voy viendo a bebés semidesnudos y a alguno de sus hermanos mayores, de no más de 6 años. Los padres suelen dejar a los mayores al mando, pues deben cumplir con muchas otras tareas. La madre es la encargada de sembrar y recoger las hortalizas y recoger leña. El terreno presenta un gran desnivel, por lo que cargar la leña por esos caminos no debe ser tarea fácil. Pero su trabajo no acaba aquí, aún queda ejercer de madre y ama de casa. Si no fuera por la ayuda de los hijos mayores, no sería capaz de llevarlas todas a cabo.

Los padres tampoco tienen tiempo. Muchas veces no están en casa, pues están formando parte como porteadores o guías de alguna expedición a las peligrosas montañas de la cordillera del Himalaya.

Recuerdo una niña…


No tendría más de 5 años y estaba jugando con su pequeño hermano. Él era casi un bebé que acababa de aprender a andar y mostraba sus pasos torpes propios de su corta edad. Ella vestía un pantalón de color claro, teñido de marrón por la tierra, unas chanclas más grandes y una sudadera del mismo color que el pantalón. El pelo color tierra, polvoriento y muy tieso. Él llevaba una camiseta de manga corta amarilla y negra. El amarillo casi parecía negro de lo sucia que estaba. De cintura para abajo iba desnudo y descalzo. No fue el único que vi de esta guisa. Supongo que es porque a las madres no les es posible cambiar de ropa a los pequeños cada vez que se hacen sus necesidades encima.

En seguida que la niña me vio, se acercaron los dos corriendo y tras un “Namasté” vino un “one chocolate”. Por supuesto mentí diciéndole que no tenía y creo que resulta obvio por qué lo hice. Esos niños no se lavan los dientes todo lo que debieran o pudieran. De modo que mi chocolate, o el de otros, lo único que consigue es deteriorar rápidamente esa impoluta dentadura. ¿Creéis que irán al dentista por la primera caries? Yo tampoco. Más que nada porque el dentista más cercano está en Katmandú y no pueden costearse los caros tratamientos.

Al llegar a la aldea sólo veo ancianos y pienso, ¿dónde estarán los adultos? Me fijo en los campos donde cosechan y veo siluetas femeninas cargando grandes bultos a la espalda. De pronto caigo en la cuenta de que justo detrás mía vienen 5 hombres adultos con cargas de más de 80kg. Las transportan en unos canastos enormes realizados con bambú y sujetos a la frente únicamente por una cuerda.

Los ancianos no están parados viendo el atardecer


Una mujer, de edad avanzada y con un solo brazo, está sentada en el suelo al lado de un montón de piedras. En la mano útil, un mazo. Suelta el mazo, coge una piedra, la coloca delante de ella y le va asestando golpes hasta que la hace polvo, literalmente. Golpe tras golpe la piedra se va haciendo añicos.

Un hombre que a duras penas se mantiene de pie, encorvado, está afilando una pequeña hoz. Como si nada, levanta la cabeza, me mira con unos ojos claros que no había visto antes en ese país y me sonríe… Namasté, le respondo yo.

Otro hombre mayor se encuentra sentado en el suelo golpeando con un martillo las enormes cañas de bambú. Una vez golpeadas lo suficiente, las separa en finas tiras que utilizará para hacer firme la unión de los palos de madera que dan lugar a las vallas delimitadoras.

Para más entradas como ésta, visita nuestro blog

Fdo.

Algo por Vivir