Sevilla. Un día con un color especial

Sevilla a través de nuestros ojos



Sevilla fue nuestro primer destino. El verano pasado (2016) viajamos durante 21 días por Andalucía. ¿Nuestro objetivo? Perdernos por tres de sus provincias: Sevilla, Granada y Málaga.

Fue un gran viaje, lleno de risas, buenos momentos, cultura y monumentos. Aunque también debemos reconocer que nos quedó tiempo para la fiesta.

¿Qué podemos contaros? Para empezar, que la canción tiene razón: Sevilla tiene un color especial. Elegimos alojarnos en el centro para poder ir caminando a cualquier parte. Visitamos la Giralda, la Torre del Oro, la Plaza España, el barrio de Triana, entre otros lugares. Podemos aseguraros que no nos dejamos rincón urbano sin visitar. ¡Ni monumento sin fotografiar!

 Y como es de esperar por parte de dos chicas jóvenes, aún nos quedaban fuerzas al final del día para salir a tomar unas copas, bailar y conocer gente nueva. ¡Algo que resulta muy fácil en el sur!



La Giralda



Siempre he pensado que todas las catedrales son preciosas. Quizá las haya más espectaculares o impactantes, mientras otras se caracterizan por su sencillez. No obstante, eso no las hace más o menos bonitas, pues estamos hablando de increíbles construcciones cargadas de historia. Sólo el hecho de que se mantengan imperturbables al paso del tiempo ya las hace magníficas, y les confiere algo parecido a un halo de magia.

La Giralda es el nombre que recibe el campanario de la Catedral de Sevilla, sólo el campanario. Y él solito, con sus 94,69 metros de altura, ya tiene una fama casi mundial. Habiéndolo visto con mis propios ojos, entiendo que su fama le preceda. ¡Menudo espectáculo para los sentidos! Especialmente si lo observas con las últimas luces del día. Nosotras, ante esa majestuosidad, no pudimos evitar fotografiarlo desde todos los ángulos, con sus correspondientes selfies y filtros, ¡por supuesto!

Una de las noches que pasamos allí tuvimos la gran idea de cenar en uno de los restaurantes que visten la calle Mateos Gago. Fue una de tantas noches que recordaré siempre con cariño: por la compañía, la comida, el servicio y la preciosa Giralda iluminada bajo un cielo negro teñido de estrellas.



Torre del Oro



La Torre del Oro y el río Guadalquivir, soberbia combinación. Sí, lo reconozco, me gustó todo de Sevilla. El hecho de pasear e ir deleitándose con sus edificios y monumentos para mí no tiene precio. Todo me despierta curiosidad, todo me llama la atención. Me gusta observar. Y sobre todo imaginar qué secretos guardan sus paredes. ¿Qué habrán presenciado y oído? ¿Cómo eran las personas que las construyeron? ¿Cuáles eran sus inquietudes? ¿Cómo eran las mentes de aquellas personas capaces de diseñar joyas arquitectónicas de ese calibre?

Junto con la Giralda, son los grandes emblemas de Sevilla (aunque no los únicos).  Pero si debemos nombrar otra construcción de características y función similares, debo hacer referencia a la Torre de la Plata. Ambas torres se levantaron con el objetivo principal de defender la ciudad.

Pero, ¿por qué la llamaron la Torre del Oro? ¿Acaso en sus paredes se encuentra incrustado este mineral? Nada más lejos de la realidad. Más bien, su nombre se debe, o al menos eso dicen, a que la mezcla de mortero de cal y paja prensada que utilizaron para revestirla concedía a su reflejo sobre las aguas del río Guadalquivir unos brillos dorados que simulaban los del oro.

Plaza España



Y por último, aunque no por ello menos importante, voy a hablar un poquito sobre la Plaza España de Sevilla. ¡Eso sí que es una maravilla!

Siento predilección por los parques y por la naturaleza que se atreve a crecer y desafiar a la ciudad. Me encanta que se conserven parques llenos de vegetación en pleno centro urbano. Creo que son puntos clave y no sólo porque aportan belleza, sino también oxígeno y aire puro. Son, a mi parecer, puntos neurálgicos libres de contaminación. Paz para la mente en medio de tantos caos.

Encontramos mucha gente paseando por el recinto de la Plaza España sevillana. Se notaba en el ambiente que disfrutaban de estar allí. Ya fuese pasando el rato bajo la sombra de los árboles (a buen resguardo del caluroso sol), contemplando su espectacular edificio, fotografiando cada jardín o embriagándose con el olor de las bonitas flores.

Personalmente, me encantaría disponer de un sitio así en mi ciudad donde poder ir a leer tranquilamente, tumbada sobre el césped. Una imagen idílica, ¿no crees?



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Fdo.

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